Filosofía barata

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“…Sólo puede producirse un cambio cuando, por algún camino (…) se hace la experiencia de la vivencia de satisfacción que cancela el estí-mulo interno. ….” (Sigmund Freud)
Hace poco, en un largometraje, un Asistente de Dirección dijo: “…Dios no existe, lo que existe es el deseo…”, y todos nos reímos un poco por que no tenía nada que ver con la situación que estábamos viviendo.
Después de la vorágine de esa jornada me quedé pensado en lo limado de este tipo para recurrir a esa “máxima” o sugerencia en ese ins-tante. Y saqué alguna suerte de vagas conclu-siones, que no representan la fuga pero me son prácticas como disparadores de pensamientos.

Esto no pretende ser una verdad o poner de manifiesto la profundidad de lo que quiso decir esta persona, solamente es un punto de vista que se corporiza en forma de reflexión.
Freud diferencia Deseo de Necesidad. Argu-menta que las necesidades (por ejemplo, las primitivas serían: respirar, alimentarse, descan-sar, tener sexo y salud) son algo que todos compartimos por que las relaciona con el sen-tido de supervivencia y adaptación; y, aunque sin cubrir nuestras necesidades no vivimos, para Sigmund, sin el deseo tampoco, ya que este estructura todo nuestro aparato psíquico (que responde a lo individual). El motivo de esta diferenciación roza el sentido de la cuestión: ¿de qué va el deseo?; y a fines prácticos po-dríamos decir que surge cuando somos una co-sita chiquitita y no entendemos nada de nada. En ese momento, por ejemplo, tenemos la ne-cesidad de alimentarnos y esto es cubierto en primera instancia por un “cuidado ajeno” (nues-tra madre). Entonces: necesito algo, lo obtengo y esto me produce satisfacción. Pero cuando esta cadena se rompe, necesito algo y no lo ob-tengo, arranca el motor del deseo, que nos va a brindar las herramientas para poder seguir ade-lante.

La idea de satisfacción absoluta que sentimos cuando éramos esa cosita queda grabada en nuestra cabeza para siempre y cuando la ca-dena se rompe comenzamos a desear cubrir una necesidad para obtener esa satisfacción. La gran diferencia radica en que el deseo nos motiva a hacer algo con un fin distinto al origi-nal. Entonces es importante alimentarse, pero cobra relevancia “satisfacer” el deseo ya que
detrás de este se esconde la idea de satisfac-ción absoluta.

Lo irónico del caso es que para Freud nunca concretaremos esa satisfacción absoluta ya que llegar a ella sería la muerte. Esto quiere de-cir que el deseo sería el motor de vida y la sa-tisfacción absoluta estaría relacionada con la felicidad.


Hoy quiero una cosa (ob-jeto, persona o meta) que me hará feliz, pero antes de llegar a obtenerla co-mienzo a desear algo distinto, enton-ces al lograr mi objetivo, la satisfacción es parcial (no ab-soluta), por lo que debiera seguir cubriendo mis deseos hasta alcanzar mi felicidad (felicidad como concepto).

Entonces ¿cuál es la moraleja? Galeano dice: “…La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar…”
Si dejamos de desear no tenemos horizonte, no tenemos futuro, deja de tener sentido nuestra vida; dejar de desear significa la muerte, por eso Freud habla del “Imperio del Deseo”. El De-seo es una teoría que empapa todo psicoanáli-sis freudiano, y ésta es solo una porción de la gran torta que describe.

Existen personas que creen en Dios, personas que creen en el Deseo, personas que creen en ambos y personas que no creen en ninguno. Sea como sea hay algo que nos hace seguir adelante y es importante que lo hagamos, quizá para terminar una jornada de rodaje, tal vez para buscar una satisfacción, parcial pero ver-dadera.

No sé qué se le cruzo por la cabeza a este tipo, pero me hizo reflexionar un toque, no sé qué tan profundo, pero siempre resulta práctico reflexio-nar.
Tómalo o déjalo, es sólo mi punto de vista, nada de esto es verdad.

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