Plazas de ayer y hoy

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Aquel lejano 25 de mayo de 2003 estuve en la Plaza, nos caminamos con mi viejo la Avenida de Mayo siguiendo el auto que trasladaba al Cro. Néstor hacia la Rosada, lugar dónde no dejó sus convicciones en la puerta, había ale-gría, esperanza. La plaza estaba llena por la mi-tad o un poco más… Néstor subió al balcón junto a su esposa Cristina, no recuerdo ahora si habló, y si lo hizo, fueron pocas palabras ya que desde abajo se le notaba un poco de vergüenza ante semejante historia balconera. Nos fuimos silbando bajito a comer una redonda de muzza, había mucho por hacer, el país estaba sa-queado. Literalmente.

Podríamos decir que lo que se vivió este 10 de diciembre fue parecido. La jura, el recorrido del auto, los saludos, gente con alegría y (su) es-peranza, la plaza medio llena, el balcón….
Quién escribe no va a remitirse al bailecito del balcón. Ni al “¿que hago?” con el bastón. Ni al discurso (escrito como los libros de autoayuda mandan) del Congreso. Ni a los furiosos labios rojos de “La Piba” Bullrich. Son boludeces.
Soy un tipo que tiene muy en cuenta los contex-tos. Son claves en las palabras que uno dice. Los tiempos cambian, y uno mismo también.

Y los contextos de ambas Plazas son distintos. Exageradamente.

En la despedida de Cristina me dediqué a ob-servar la multitud (muuuy pocas veces vi tanta gente), gente de clase media-media, jóvenes, familias enteras, mucha generación de 30-40 años (somos los hijos de los 90), peinados ra-ros, anarquistas, remeras del Che, remeras con Eva y Cristina besándose, bombos, Termidores y Cocacolas.

Esperaba ver más lágrimas entre la gente, las hubo, pero les ganó la esperanza. Nos fuimos cantando, tal cual lo hicimos cuando llegamos. Es el mismo país con sus miserias y sus virtu-des que en el 2003, con la diferencia que hoy tenemos Patria.
Y esa diferencia nos hace militar con responsa-bilidad. Cada uno en su barrio, en su colegio, en su trabajo, en el mercado, dónde sea. Tenemos que madurar como sociedad. Hay que respetar lo que se eligió, porque las urnas son intocables y las libertades son fundamentales.

El otro día junto a mi Cra. Brenda estuvimos es-cuchando (porque tenemos la obligación de es-cuchar) a Tati. Compañera que hace malabares para mantener su comedor en el corazón del
Lomas profundo. Dónde “sus chicos” vienen a aprender oficios a la UNLa mientras nosotros descansamos merecidamente. Estábamos ana-lizando lo que sucede, del por qué se perdió, de todo un poco… hasta que nos mira y nos dice, sonriendo: “Lo único que hay que hacer es estar atentos, si no pudo la dictadura con nosotros va a poder Macri? Hay que seguir para ade-lante….”
Y sí, hay que estar atentos nomás, corta la bo-cha.

Por que mientras discutimos el bailecito piden guita a los bancos extranjeros, mientras discuti-mos los tuits de Avelluto nos ponen a Burzaco y su mafia en la policía, mientras publicamos en el face fotos de plazas llenas y medias llenas, Bullrich no sabe lo que es la SPU (Secretaría de Políticas Universitarias)….

Si estamos atentos los derechos ganados serán más difíciles de quitarrnos, si lo estamos esta-remos movilizados, si lo estamos sabremos dis-cutirle a Clarín y La Nación su primaverita ma-crista. Hoy en día las armas se cambiaron por información. Hay que estar informados. Leer. Escuchar. Caminar y mirar. Cada uno de noso-tros somos todos. Será duro… Los medios in-formativos, la “Patria financiera”, las policías…. Todo a favor tiene.
Nosotros tenemos a Tati. Las calles. Las Uni-versidades. La juventud. Los viejos que nos aconsejan. Los derechos que igualan y a Cris-tina, que nos dijo que estará junto a nosotros, el pueblo.
La Patria es el otro. Hoy más que nunca.

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