Volver a las bases

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Nos vemos escribiendo en un escenario que hace tres meses no creíamos posible. Si nos decían que el PRO iba a gobernar la Ciudad de Buenos Aires, la Provincia de Buenos Aires y la Nación nuestra respuesta hubiese sido una sonrisa burlona. Pero la realidad nos cacheteó feo y hoy nos encontramos en una situación radicalmente distinta a la que avizorábamos, hace no mucho, para el 2016. En nuestro editorial del tercer número hablábamos de la sinergia que debía existir entre sindicatos y Estado de cara a la profundización de un proyecto nacional y emanci-patorio. Hoy nos quedamos con los dos pies afuera del Estado porque el gobierno va a estar en manos de la derecha neoliberal, o sea, de ese sector que conjuga conservadurismo en materia de derechos y liberalismo en cuestiones económicas y respecto del rol del Estado. Y la historia nos ha enseñado que estos gobiernos no suelen atender las demandas del pueblo sino las de los sectores más concentrados. Algunos nos dicen que no nos anticipemos, que los dejemos gobernar pero a nosotros nos resulta imposible no historizar. Vemos hacia atrás y encontramos líneas políticas similares cuyos resultados han sido desastrosos; incluso llegamos a encontrar a las mismas personas que participaron de esos desastres y ahora vuelven a ocupar altos cargos en el gobierno nacional. Entonces nos ponemos en estado de alerta, atentos primero a las de-signaciones y luego a los movimientos que vayan realizando tanto el gobierno como las grandes corporaciones.

Frente a este escenario, entendemos que es hora de volver a las bases. Más allá de las reunio-nes y conversaciones que se den al nivel de las cúpulas partidarias y sindicales, son las bases las que deben presionar para que se constituya una férrea defensa de los derechos conquistados y para que se reconstruya el frente nacional. Son las bases las que deben dirimir las internas partidarias; las que deben presionar a los popes del sindicalismo para que no hagan arreglos contrarios a las necesidades de los trabajadores; y las que deben recuperar el territorio para presionar a las gestiones municipales y provinciales.
Ahora bien, ¿quiénes son las bases? Son los trabajadores plantándose frente a los intentos de despido, baja de salarios, cierre de empresas o incluso ante los editoriales cavernícolas del diario La Nación. Las bases son el pueblo de pie ante las pretensiones de recortes presupuesta-rios a la educación y a la salud, y frente a cualquier intento de privatización de empresas del Estado. Las bases están encarnadas en ese pueblo empoderado que salió inorgánicamente a militar la campaña previa al balotaje. Ahí es donde el pueblo se da su construcción política más genuina, tejiendo lazos con el compañero y con el vecino, emergiendo como pueblo autocons-ciente, no manipulable mediáticamente. Ese pueblo construye su realidad a partir de problemá-ticas reales y no de lo que dicen los medios. Las bases, en definitiva, somos nosotros.
Es el momento de darnos esa horizontalidad, de construir desde el pie para presionar hacia arriba. Si las bases presionan, los dirigentes tienen menor margen de maniobra, o mejor, su margen de maniobra está dado por las demandas de las bases. Hay una frase histórica: vamos con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes. Eso es la soberanía popular, se manda obedeciendo el mandato del pueblo.
Nosotros, como sindicato de base, nos abocaremos a esa construcción, tanto al interior de la universidad como fuera de ella. Esperamos, en el camino, encontrarnos con otros sindicatos y organizaciones políticas en similar construcción para poder tejer lazos territoriales. Y esperamos, sobre todo, encontrarlos a cada uno de ustedes con la disposición para la discusión, el intercam-bio y la construcción colectiva. La realidad no se cambia por decreto ni en una mesa de negocia-ción con un par de firmas y sellos sino que la cambia el pueblo desde su cotidianidad, haciendo de las organizaciones instrumentos de transformación. Todos aquellos que crean que un país mejor se hace por la voluntad de un presidente o de un gobernador están muy equivocados. Un país mejor se hace a partir de un proyecto político que se apoya en una base popular consciente de sus derechos. He ahí la clave de los tiempos que vienen.
Comisión Directiva de ATUNLa

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