La calle uniformada

 No sólo de desocupación, endeudamiento e inflación vive el Gobierno del Ingeniero Macri. Son épocas difíciles, dónde caminar la calle cuesta el doble. Como siempre (algunos tiempos más, otros menos) hay que cuidarse de los amigos de lo ajeno y, como antes en mucha menor medida, de las fuerzas de seguridad. Sea cual sea el color del uniforme. Hace poco tiempo nos encontramos con la noticia de que dos pibes fueron secuestrados y torturados por agentes de Prefectura, está muy claro que esos dos chicos si no fueran militantes de la Organización Villera La Garganta Poderosa, sería otro el cuento para ellos.
Cuántos de estos casos pasan a diario? Cuántos chicos son desaparecidos por llevar una visera? Cuántos chicos son humillados moralmente cuando los bajan de los bondis sólo por portación de cara? De a poco, vuelve el “algo habrán hecho”. No nos metemos. Miramos para otro lado. Es más cómodo vivir en nuestra burbuja.

Cuando el Estado felicita a los Gendarmes que balearon a los pibes de la murga de la villa 1-11-14 a principios de año y cuando la Ministra de Seguridad calla ante los hechos arriba nombrados, estamos ante un Estado corruptor de los derechos civiles y humanos.
El Gobierno, amparado por su gran capa protectora que son los medios dominantes, ha comenzado desde hace unos meses una persecución a Dirigentes sociales, políticos y sindicales que no son afines a su política. Las fuerzas de seguridad tienen vía libre para detener ilegalmente a quién se le antoja y las autoridades son cómplices con su inacción. Mientras tanto, la droga en los barrios hace estragos. Las calles son más inseguras, los crímenes son más violentos y las respuestas a la sociedad es sólo meter más agentes a la calle, como si esto fuera la solución.
Mientras las políticas sean de hambre y desocupación, no hay solución posible a la inseguridad. Mientras las políticas sean más beneficiosas para los que ejerzan el control ciudadano, no hay Derechos Humanos para los más vulnerable Es un combo explosivo. Nos quieren meter dentro de nuestras casas. Nos atemorizan. Nos quieren callar. Esa es la verdadera intención del Gobierno.
Cuando ocurrió lo de Julio López, se respiraba en el aire que fue una vendetta por los juicios a La Bonaerense. Lo de Luciano Arruga fue una animalada de la Federal que, gracias a los huevos de su familia, se pudo llegar hasta los autores del crimen.
Pero (y a pesar de los errores cometidos por la gestión de CFK) se sabía que existía una política que era protectora de los Derechos que tenemos cada uno de nosotros. Se sabía que las fuerzas estaban bajo una gran mirada ciudadana que ejercían un control más estricto y justo. Se sabía que estábamos mejorando la sociedad en este aspecto, se sabía que los resabios de la Dictadura todavía tenían (tienen) su lugar en las fuerzas de seguridad.
Pero retrocedimos. Y no sólo lo digo por nuestros bolsillos, también retrocedimos como sociedad. Ya no somos tan justos, ni tan libres y mucho menos, soberanos.
Que haya ganado este modelo de país no sólo significa que muchos habitantes de este país no tengan que comer y otros se hagan más ricos de lo que ya lo son. No, significa mucho más. Significa que ya no puedas caminar tranquilo por la calle… y no justamente por los ladrones.

Diego Barone

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