Derechos (y) Humanos

El 2016 viene fulero. Esperábamos, hace no mucho, que fuera distinto. Se cumplen 40 años del golpe cívico-militar y 200 años de independencia nacional. Nos hubiese gustado salir a la calle con otro contexto. Pero no, viene fulero-fulero. Los 40 años los conmemoraremos con los amigos de los represores ocupando la Casa Rosada. Y los 200 de independencia serán, seguro, un desfile triste, sin pueblo en las calles. Macri saludando a algún fiel seguidor pero no mucho más porque de acá a julio la cosa se irá poniendo cada vez más brava. La cantidad de despidos en 3 meses de gobierno ya pasó los 100 mil. Los sectores más perjudicados: el Estado y la industria. ¿Casualidad? Ni a palos, no hay casualidades en política. Hay que desarmar dos pi-lares del modelo nacional-popular. No hay emancipación sin un Estado fuerte y sin un entramado industrial denso. La destrucción de ambos perpetúa la dependencia, tan beneficiosa para los sectores históricamente poderosos del país. Porque tengamos algo en claro: hay un sector que se beneficia con eso.
No es que todo el país se va a poner en contra de Macri. En absoluto. Habrá un sector, vinculado a las grandes corporaciones, que se beneficiará. Y como controlan los medios nos van a hacer creer que ese beneficio se derramará hacia los sectores medios y bajos. Esto podríamos haberlo creído hace 25 o 30 años pero la historia nos ha mostrado que no sucede, que si entran dólares es para meterse en la ruedita financiera y salir pitando rápido antes que el ciclo se ponga fulero y empiecen a perder plata. Esas inversio-nes no derraman sino que succionan, chupan lo que genera el pueblo con su trabajo y se lo llevan para sus centros financieros, en Nueva York, Londres o donde sea. El pago a los Buitres es el pistoletazo de salida. A eso le seguirán las demandas de aquellos que entraron al canje de deuda y aceptaron una quita extraordinaria en el valor de sus bonos. Esos pretenderán lo mismo que los buitres. De ahí, el país irá directo a la ruina, pagando con nuestra sangre los negocios financieros de un grupito ínfimo al que no le alcanza con tener todo lo imaginable.
La novedad del período, si se quiere, es el rol del denominado Partido Judicial. Un poder del Estado cuyos integrantes no son elegidos en forma popular se inmiscuye directamente en los asuntos de la política. No es una novedad el rol que desempeña la Justicia ya que siempre jugó a favor de los poderosos (al menos corporativamente) pero sí son novedad la forma y la posición que adopta en la ofensiva. Cuando la punta de lanza eran los militares, la Justicia venía por detrás convalidando su accionar. Pero ahora no están los militares, entonces son determinados jueces y fiscales los que operan como ariete, acompañados por el aparato mediático concen-trado cuyo rol es el de magnificar las operaciones judiciales. Bien sabemos que ya no importa tanto el proceso judicial en sí mismo sino la búsqueda del descrédito de determinadas figuras u organizaciones políticas, razón por la cual una citación a indagatoria puede funcionar como con-dena pública.
No hay que saber Derecho o estar formado en Ciencias de la Comunicación para captar determinadas operaciones. Podemos ver cómo la vara mediática es distinta dependiendo de la filiación político-partidaria del sujeto en cuestión. El fin último no es alcanzar la verdad jurídica e impartir justicia sino deslegitimar procesos políticos determinados. He ahí el quid de la cuestión. No es el debate entre distintos campos político-ideológicos sino desprestigiar las ideas de uno de esos campos a partir del procesamiento de las personas que encarnan esas ideas (ya lo vemos en Brasil con Lula y Dilma, y lo veremos en breve con Cristina). Por ello, la pro-puesta del diálogo es falsa. No hay intensiones de dialogar y debatir sino de suprimir la diversi-dad política. Se pretende, en última instancia, alcanzar un discurso único que legitime el estado actual de desigualdad, pobreza y miseria que reinan en el planeta. Los derechos humanos, mientras tanto… bien, gracias.

Comisión Directiva de ATUNLa.

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