Los Derechos Humanos como bandera para cambiar el mundo

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La Yoli no quiere guardarse nada para sí, todo lo contrario, quiere abrir el juego cuanto se pueda, llamar a participar, a involucrase y, fundamental-mente, a comunicar todas aquellas cosas que se hacen silenciosamente, sin las marquesinas de los grandes medios. Por eso convocamos al equipo de trabajadoras y trabajadores del Centro de Justicia y Derechos Humanos (CJDH) de la UNLa a colaborar con una sección dedicada a las distintas problemáticas vinculadas a los Derechos Humanos, sobre todo al irrespeto de los mismos. Tenemos derechos consagrados tanto en nuestra Constitución Nacional como en Tratados Internacionales que hemos ratificado, derechos basiquísimos, que no son garantizados. El acceso al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, entre otros, elementos básicos y constitutivos para una vida digna. Privilegiamos, muchas veces, otras cosas, otros discursos, confundimos la procedencia de los males, se los achacamos a chivos expiatorios que pagan las culpas de los verdaderos responsables. Este ingreso de la problemática a la Yoli no es inocente.
Tomamos posición y partido, no somos neutros, no nos da lo mismo que haya personas sin trabajo, sin vivienda, sin salud, sin educación o sin que se le respeten y garanticen sus derechos por el solo hecho de ser migrante, tal cual verán en la temática elegida por el equipo del CJDH para este número. Con esto no decimos que todos debamos ser militantes de todas las causas, sabemos que es física e individualmente imposible pero sí tener presente que las problemáticas existen y que hay que apoyar a las personas que luchan por la consagración de distintos derechos. No mirar para otro lado, no desentenderse, mucho menos plegarse a los planteos de sectores que justamente rechazan la promoción y protección de los derechos humanos.
Así, con esta breve introducción, dejamos formal-mente abierto el espacio para que el equipo del Programa Migración y Asilo del CJDH clarifique y problematice el panorama y, también, para que todo aquel que quiera contribuir a la discusión pueda hacerlo.
                                                                         
                                       La Yoli Migrante - Migración en Argentina

Para empezar a hablar sobre migración es impor-tante remarcar que todos somos extranjeros en la gran cantidad de territorios donde no somos na-cionales. Nuestras chances de ser extranjeros en algún lugar del mundo son mucho más numero-sas que las de no serlo. Sin embargo, actuamos con esos “otros” como si fueran invasores, como si la nacionalidad fuese en sí mismo un motivo vá-lido para la quita de cualquier derecho, y como sociedad legitimamos esa discriminación.
Los mitos construidos alrededor la población migrante que vive en un país son casi siempre los mismos: que nos quitan el trabajo a los nacionales, que usurpan nuestros derechos (educación, salud, vivienda), que nos invaden.
Si tuvieras que contestar cuál es el porcentaje de extranjeros y extranjeras residiendo en Argentina, ¿qué dirías? Hemos escuchado respuestas des-proporcionadas (aunque no es descabellado es-cuchar esas cifras y luego explicaré el porqué).
Desde que hay un 15% hasta 70% de población extranjera en Argentina. Según el último censo nacional del año 2010 el número de extranjeros en el país es de 4.5%, si 4,5. Y ese porcentaje no sólo registra a aquellos migrantes que situación migratoria regular (“los legales”) sino a toda per-sona que haya nacido en cualquier otro país que no sea Argentina. Es decir, que el censo registra lugar de nacimiento y no condición migratoria.
¿Y entonces por qué casi nadie acierta con el porcentaje correcto y sobredimensiona el número?
Porque la construcción mediática, social y hasta política que nos hacen sobre la “invasión del otro” es exagerada, aunque no gratuitamente. Busca legitimar prácticas de restricción, y algunos casos hasta anulación de derechos.
Sólo entre 1894 y 1920 la migración llego al 30% sobre el total de la población, y fue producto de la migración ultramarina europea de entre guerras. Desde los primeros censos nacionales (1869) hasta estos días, la migración latinoamericana se mantuvo en 3,5%. Lo que demuestra, por un lado, que su incidencia sobre el total de la población no varió significativamente; y por el otro lado, que la inmigración latinoamericana hacia la Argentina es a la vez histórica y contemporánea. Lo que cambio fue el lugar de residencia dentro del país, quienes en vez de permanecer en las provincias próximas a sus respectivos países de origen se asentaron en la ciudad de Buenos Aires, y que fue un proceso de movilidad de personas del campo a la ciudad que no sólo afecto a la población migrante. Entonces no ha cambiado la cantidad de perso-nas sobre el total de población migrante latinoa-mericana sino su visibilidad en el área metropoli-tana.
Es importante desarticular otro de los mitos (aun-que lamentablemente no el único) que es el rela-cionado al trabajo. Y por ello es importante desta-car que el rol que ocupa de la población migrante en el ámbito laboral es complementario y no com-petitivo de la mano de obra local. Aunque sin em-bargo también podríamos problematizar sobre la posibilidad de que sea competitivo, pero eso lo dejamos para otra oportunidad.
A lo largo de la última década, América del Sur de cara a transformar sustancialmente la mirada que todavía rige en muchas regiones del mundo en torno a las migraciones.
En Argentina hubo un cambio de paradigma res-pecto de las políticas públicas sobre migración. En 2004 fue promulgada la actual ley de migra-ciones 25.871, a diferencia de la normativa ante-rior conocida como la ley Videla, la ley se asienta sobre dos pilares novedosos: el énfasis en la pro-tección de los derechos humanos de las personas migrantes, y una perspectiva regional que reco-noce la centralidad de la inmigración proveniente del MERCOSUR.
La ley establece que migrar es un derecho humano, y por lo tanto obliga al Estado a establecer mecanismos de regularización migratoria, garantizar el acceso a la justicia en todo trámite de expulsión o detención, y a eliminar distinciones en el acceso a derechos entre nacionales y extranjeros.
Sin embargo, subsisten importantes desafíos de cara a introducir una perspectiva de derechos hu-manos en las prácticas cotidianas, en las políticas públicas relacionadas con las migraciones y en asegurar una verdadera integración. Por ello, de-bemos consolidar estos avances frente a posibles retrocesos xenófobos.

Agostina Carla

#MigrarEsUnDerechoHumano
#NingúnSerHumanoEsIlegal