De cierta neurosis…

 Y un día me miró a los ojos y me preguntó que quería, y desnudarme ante ella me daba miedo porque si decía lo que me pasaba podía pecar de cursi, o peor aún, de ingenuo. No quería provocar que se asustara y se fuera, o que se riera de mi y, se fuera.
Uno no debería decir las palabras verdaderas en un momento incorrecto y estábamos ahí quizá, pero me puse nervioso y mi cabeza a mil por ho-ras comenzó a trazar alguna estrategia que me permitiera seguir adelante. Puse cara de pensativo y baje la mirada por un microsegundo.
Generar expectativas es un factor que me podía jugar en contra, pero me ayudaría a encontrar las palabras que creía correctas ya que, si bien, ja-más de esta manera, esta situación la esperaba. Creo que uno tiene que esperar siempre las grandes oportunidades o los grandes momentos, pero cuando llegan debería estar listo para poder abordarlos. En mi experiencia siempre se reestructuran las partes y habrá que acomodarse a cada situación.
¿Por qué la verdad es tan difícil y el estratagema tan común?, ¿Por qué debemos medir tanto lo que sale de nuestros labios?
El lenguaje complica las cosas, y ni hablar de la parcialidad que representa la realidad. El relato en sí se proyecta como la suma de intensidades que agrupadas de la manera correcta funcionan como una llave que puede abrir o no una puerta.
Levanté la mirada mientras tomaba un poco de aire y resolví en el brillo de sus ojos un poco de paz en esa situación tan incómoda.El tiempo se detuvo y encontré algunas palabras extraviadas.
Entonces salí de mi cuerpo, como un fantasma, como una cámara que registra el plano en el que los dos hablamos, observando lo que decía, hendiendo palabra por palabra en ella, sin detenerme, sin corregirme, sin mirar hacia atrás.
Le conté de una mujer hermosa pero vacía; que estuvo conmigo porque sí, porque no había encontrado a nadie más, porque justo me cruzó en su camino y yo en el suyo. Que las cosas parecen más amables cuando estás con alguien, cuando compartís algo, un relato que sugiera verdad, aunque todo roce el mito.
Ella me miraba expectante sin emitir sonido alguno. Volví a mi cuerpo y me concentré en su respiración. Mi mirada recorría sus ojos y sus labios.
Le dije que el beso que me había dado significaba más de lo que parecía y entendía que quizá ese no fuera el momento, pero si alguna vez creyera en una oportunidad para nosotros no dudara en buscarme, por que existían cosas que necesitaba contarle, pero tal vez ese no fuera el momento adecuado.
Ella se quedó callada y pensativa por algunos segundos, sin dejar de mirarme a los ojos. No recuerdo haber pestañeado por algunos instantes, solo que podía oír el murmullo de la brisa que nos atravesaba cálida y filosa. Avanzó hacia mí y cerré los ojos. Mi respiración se detuvo y el tiempo con ella. Sentí entonces un suave beso en la mejilla. Levante los párpados y al mirarla a los ojos no entendí lo que me decía. Bajó la mirada y se dio vuelta. Y paso a paso se fue perdiendo lenta-mente en la calle.
Pasé la noche pensando en todo, repasando cada segundo, llegando solo a una conclusión : - no debería pensar tanto .
Tuve ganas de correr a buscarla más de una vez, pero nunca hubiera sido el momento correcto, nunca hubiera sido el instante preciso, porque todo eso ya había pasado.
Quizá el mundo nunca estuvo preparado para nosotros, tal vez… si. 

Gabriel Israel Cabral

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