Editorial

 Nuestros últimos números han dado cuenta del derrotero político, económico y social a nivel nacional. Hemos puesto en evidencia, primero, lo que iba a suceder y luego lo que ha sucedido. Ambas cosas están en relación. No nos equivocamos. El conocimiento de nuestra historia reciente nos muestra cuáles son las medidas y las consecuencias de los gobiernos neoliberales. Sabíamos a qué venían y lo están haciendo con toda la impunidad, la cobertura mediática y la complicidad de ciertos sectores de la política, la economía y la justicia. Todo esto lo venimos enunciando. Entre el número anterior y este han seguido sucediendo cosas. En materia económica, persiste la degradación de las condiciones de vida de amplios sectores de la población. En materia política, se dieron pasos tenebrosos en pos de restituir a las Fuerzas Armadas prerrogativas derogadas por Alfonsín en el 83 y por reestablecer la denominada “teoría de los dos demonios” para concep-tualizar el período correspondiente a la última dictadura cívico-militar. Nada evidencia que las cosas vayan a mejorar, ni en el segundo semestre ni en los años que restan del mandato de Mauricio Macri y compañía.
En el mismo período transcurrido entre números de la Yoli, los docentes y nodocentes hemos cerrado nuestras respectivas paritarias. La multitudinaria marcha universitaria fijó un piso de ne-gociación que, si bien se firmó a la baja, logró dejar asentadas una serie de pautas para futuras negociaciones. No vamos a entrar en detalles de la paritaria en esta editorial, simplemente que-remos dejar en claro que el horizonte no es promisorio. Nada indica que podamos negociar al alza en futuras paritarias, salvo que exista una política sindical seria de articulación entre las distintas Federaciones que representan a docentes, nodocentes y estudiantes. Tiene que quedar algo en claro: la defensa de los logros conseguidos no es un acto enunciativo sino una práctica política, una táctica y una estrategia concreta que deben construir, sin mezquindades, los distintos actores de la universidad pública. De aquí que la firma de la paritaria solo debe representar un hecho concreto en un camino de articulación y no el fin del camino. No se abandonan las solidaridades de la lucha después de haber firmado la paritaria propia, al contrario, se redoblan los esfuerzos en pos de estrechar lazos al interior del movimiento obrero.
Nuestros años de militancia sindical y estos últimos meses de fuerte presencia en la calle nos han mostrado que la política y el activismo son dos de las grandes escuelas de la vida y dos espacios fundamentales para comprender las lógicas del mundo social. Tenemos muy en claro que las instancias de educación formal dotan a las personas de determinados conocimientos y saberes propios de un campo específico del conocimiento y que los mismos les facultan para el ejercicio de una profesión. Entendemos, a su vez, que ese conocimiento adquirido, el cual se traduce en una titulación, conduce muchas veces a la constitución de profesionales liberales, cre-yentes de la idea de esfuerzo individual y no de la de construcción colectiva. Esto evidencia dos cosas: la primera, que el conocimiento es múltiple, tanto en su forma como en su contenido, y que los canales de adquisición del mismo son diversos, siendo la academia uno de ellos pero no el único. El segundo, que la academia no garantiza la constitución de profesionales consustanciados con las necesidades populares. En todo caso, es la confluencia del conocimiento formal y no formal, y la participación política, social, barrial y cultural, la que dota a las personas de las herra-mientas necesarias para la discusión y gestión de los bienes comunes. De aquí que entendamos como necesario: generar espacios de producción de conocimiento que sirvan para la defensa de las conquistas de los trabajadores; procurar instancias de formación para elevar el piso de cono-cimiento en distintas materias; y ampliar la participación política al interior de los distintos espacios de gestión colectiva. El sindicato, el partido, el club, la sociedad de fomento, la cooperativa, la Universidad, son todos espacios donde hay que revisar las formas, los contenidos y la represen-tatividad de cara a profundizar la democracia. No se puede seguir adormeciendo el debate o anestesiando el conflicto. Debemos abrirnos a un diálogo sincero que permita un reordenamiento de nuestros espacios y revea sus lógicas de poder. Es desde ahí que lograremos el más impor-tante de los triunfos colectivos: el del pueblo asumiendo su destino.
Comisión Directiva de ATUNLa

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