La participación de los trabajadores en la conducción de la Universidad

A fines de 1974, la Asociación de Trabajadores de la Universidad Nacional de la Plata (ATULP) emitió un documento cuyo título era “La Participación de los Trabajadores en la Conducción de la Universidad”. Nuestra intención es recuperar ese texto de cara a una necesaria reflexión en torno a la política universitaria y a los criterios de participación y representación de los colectivos que habitan la institución.
Fue en el año 1972 que comenzó a circular en la sede gremial de ATULP una publicación mimeografiada titulada “Bases para la Nueva Universidad”. En los primeros meses de 1973, producido ya el abrumador triunfo popular del 11 de marzo que colocó a Héctor J. Cámpora en la presidencia de la Nación, el documento se con-virtió en el programa político de los trabajadores para conducir la casa de altos estudios.
Dice el texto: “Esa participación – como no podía ser de otra manera, al ser los trabajadores conductores de un proceso- permitió fundamentalmente nacionalizar la Universidad, ponerla al servicio del Pueblo, desmitificar supuestos valores consagrados por el liberalismo, pero también hizo posible que los trabajadores tomarán con-ciencia de lo que son capaces de hacer, desde analizar un presupuesto y corregirlo, hasta fijar metas en materia de investigación, o participar en las decisiones sobre aspectos antes inaccesibles, cubiertos con el eufemismo de lo “estricta-mente académico”.
“La decisión de colocar la universidad elitista al servicio del pueblo, chocó contra innumerables escollos […] ataques y agresiones – que fueron desde la voladura del Comedor Universitario hasta el aún impune asesinato de dos de nuestros mejores compañeros, el “Turco” Achem y Carlos Miguel, el 8 de octubre […]”. A los asesinatos de Achem y Miguel por parte de la Triple A, se le su-maría el secuestro y asesinato de Ernesto “Semilla” Ramírez, otro referente de esa organización sindical.
Continúa el documento:
“Nuestra organización, que creció a lo largo de la lucha contra la dicta-dura, por necesidades propias reivindicativas (mejoramiento de salarios, respeto a la estabilidad, etc.), fue haciendo una práctica política de solidaridad con otras organizaciones políticas, ta-rea ésta que era impulsada por un pequeño núcleo de compañeros, resistida por algunos sectores y tolerada por el conjunto del gremio. Ello se debía a una vieja práctica político-gremial que se apoyaba en el “apoliticismo”, es decir, el gremio no tiene que hacer política. Nuestra primera tarea fue demostrar, casualmente, la falacia de esta postulación, que conspiraba contra los intereses de los trabajadores”. La demostración consistió en un ejercicio político de participación plena, no a través de la delegación del poder en algunos compañeros que ocuparan determinados cargos y decidieran sin consulta con las bases sino con la real participación a través de un método de toma de resoluciones basado en la discusión y elaboración conjunta, en pie de igualdad, decidiendo por mayoría y ejecutando esas decisiones.
Ernesto “Semilla” Ramírez 
El esquema de trabajo, que discutiremos en futuros artículos, consistía en la puesta en funciona-miento de comisiones internas, subcomisiones de sitivos de intercambio fluidos entre las distintas dependencias, comisiones y cuerpos de delega-dos. El ejercicio de la participación devino en acto cotidiano, lo que se tradujo en la elevación de la conciencia política de la organización y de los trabajadores y trabajadoras.
Los siguientes son algunos de los puntos que el documento enuncia como salientes de esta etapa:

  • El alto grado de conciencia política asumido por el conjunto del gremio en la participación, como trabajadores, en el proceso de Liberación Nacional.
  • Desmitificación de lo “académico”, la “ciencia pura”, la “libertad de cátedra” y la “autonomía universitaria”, a partir de demostrar que es-tas categorías, bajo un supuesto apoliticismo del conocimiento, ofician de cobertura para una ciencia y una tecnología que son, en definitiva, el instrumento de aplicación de la política de la explotación y la dependencia.
  • Demostración de que la división jerárquica entre el trabajo intelectual y manual responde históricamente a los fines de la explotación del hombre por el hombre, jerarquización que en la Universidad es explotada a los límites del endiosamiento y veneración a las investiduras académicas y científicas.
  • Promoción de la nacionalización de la Universidad y sus investigaciones, al desvincularla de los lazos que la unían con la dependencia.
  • Concreción de la vinculación con los otros dos sectores de la Universidad (estudiantes y docentes), a través de sus organizaciones y de una interrelación en el ejercicio del gobierno y la movilización en torno al Proyecto de Nueva Universidad.
  • Cuestionamiento crítico de la vieja estructura de la Universidad (docente y administrativa) y discusión y estudio creativo de la nueva estructura concibiendo a la Universidad como un todo único.

La ordenanza que materializaba los fundamentos políticos acerca de la Nueva Universidad especificaba en sus considerandos que “era necesario superar una etapa signada por una enseñanza estanca, meramente acumulativa de conocimientos y al servicio de un individualismo utilitario”. En cuanto a la investigación puntualizaba que resultaba imperioso terminar “con una investigación ajena a los grandes problemas nacionales y un cientificismo apátrida que contribuye a consolidar la colonización científico tecnológica y cultural de nuestra Patria”.
Más adelante, la ordenanza 104 detallaba que “es compromiso inexcusable de la Universidad contribuir con toda su capacidad docente e investigativa para resolver la disyuntiva “Liberación o Dependencia”; es decir, contribuir a conformar el pensamiento crítico, la destreza profesional, técnica y científica, y la potencialidad creadora intelectual y física para promover el rápido tránsito de la Dependencia a la Liberación”. Luego, en los considerandos, también se colocaba el acento en la necesidad de crear las condiciones para fortalecer la Conciencia Nacional, “marco indispensable para la formación de los estudian-tes”.
Sobre el estatuto, ATULP sostuvo un principio que “históricamente corresponde al propósito liberador de la clase trabajadora, como es la eliminación de la diferencia jerárquica entre el trabajo manual y el intelectual, principio que sostiene como objetivo la nueva ley Universitaria”.
A partir de estas conceptualizaciones, el colectivo de trabajadores universitarios pasaba a ser uno solo, sin distinciones internas, y el gobierno de la Universidad no reflejaba proporcionalidades en la representación sobre la base de criterios discriminadores a partir de las características del trabajo realizado. Estas discusiones, dadas hace más de 40 años, siguen plenamente vi-gentes y amerita recuperar el debate para transformar definitivamente la universidad en un es-pacio profundamente democrático y popular.
Iván Ponte

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