Los límites del proyecto Apuntes para recalcular

 ¿Reverentes o Irreverentes? ¿Legítimo o Le-gal? ¿Capacidad o Licencia? ¿Lealtad o Sumi-sión? ¿Cuadros Políticos o Charlatanes?
La Argentina continua atravesada por una crisis en la clase dirigente en el plano político en general, abarcando Gobiernos, Organizaciones Empresariales y de Trabajadores, Sociedades Civiles, cargos Eclesiásticos, etc.
Esa crisis es de credibilidad ante la Sociedad en algunos casos, y de reglas de convivencia al interior de los grupos en otros casos. Es la crisis propia de una distancia cada vez más pronunciada entre los dirigentes y sus representados, entre los dirigentes y sus militantes, y una lejanía también con el espíritu del Bien Común.
Esta crisis de dirigentes se debe a múltiples causas que no me atrevo a enunciar en su totalidad, y mucho menos profundizar en su análisis, pero que pueden ser observables a la vista de cualquier persona ávida por comprender un poco los límites de nuestro proyecto político.
Hay piedras que nos hacen tropezar casi cíclicamente; de ellas quiero hablar. Algunas fueron sangrías genocidas de una magnitud imponderable, otras acaso sean las miserias propias de nuestra humanidad, representada por personajes oscuros y siniestros, otras fueron peleas carroñeras alrededor del líder, hubo traiciones internas y un silencio atroz ante las banderas peronistas vejadas y ultrajadas en la década del noventa. Y una vez más, pasado los liderazgos populares (avalados en las urnas por tres elecciones consecutivas) de Néstor y CFK, vuelve a evidenciarse en la fractura del Peronismo, en las divisiones al interior del FPV, y finalmente en una derrota electoral impensada, la crisis de nuestros dirigentes que por ambiciones personales, por falta de patriotismo, llevaron a ese pueblo que dicen tanto amar, a quedar a merced de un gobierno neoliberal, con todo lo terriblemente doloroso que eso significa. No podemos seguir excusándonos en el enemigo y su poder de fuego (que es real y lo tiene), debemos entender nuestra conformación, de qué estamos hechos y qué queremos ser, para poder cambiar, para ser mejores.
Ya no alcanza con que los otros sean horribles. Un primer dato incontrastable que permite entender la crisis dirigencial se puede explicar a partir de dimensionar el impacto negativo en la organización de espacios que pudo tener el aniquilamiento de 30.000 personas, dentro de las cuales se encontraban dirigentes de un calibre altísimo, y muchísimas proyecciones de lo que hubiesen sido dirigentes en las décadas del 80, 90 y 2000.
La dictadura fue muy precisa en ese sentido. Asesinó a los mejores. Tristemente, la Argentina se perdió la posibilidad de que esta generación desarrollara sus mayores potencialidades. De esta circunstancia trágica, por oportunismo o consecuencia histórica, otros debieron ser los Dirigentes de esas Décadas antes mencionadas. Cada cual debería responder por sus actos. Los buenos, los no tan buenos, y los malos. Durante estas décadas se ha evidenciado, en varios períodos, a nuestra dirigencia política jugando con un discurso progresista en alta tensión con la realidad, haciendo equilibrio entre la hipocresía y el morbo. Y aunque rescatamos los discursos desde el 2003 hasta el 2015, donde se concilió el discurso con las políticas de Estado, activas, concretas y tangibles, debemos señalar que poco y nada se avanzó entre el discurso de la participación política y la construcción colectiva, con la realidad en la acción concreta del poder.
Sirve de ejemplo pensar porque en 12 años no se llevaron adelante experiencias de decisión Soberana como Referéndums sobre cuestiones centrales, perdiendo la posibilidad de fortalecer la Democracia participativa a través de un instrumento vital para dicha búsqueda.
El poder encerrado en sí mismo, la tendencia señalizante y expulsiva ante quien plantea disidencias, fueron encerrando a la potencia de un proyecto político colectivo, en espacios individuales de poder restringidos y sujetos a la lógica del oportunismo, la conveniencia, la devolución de “favores”.
De cambiar estas cosas hablamos cuando decimos que llegó el momento de hurgar más allá de la superficie, hay que problematizar la cosa para poder entender los límites de nuestro proyecto Esta crisis dirigencial acumula sedimentos de conflictos internos, disputas históricas que vuelven una y otra vez a emerger generando desentendimientos y rencores.
Hay una falsa antinomia entre lo político y lo sindical, una mirada de reojo, de mutua desconfianza. El impacto político de la muerte de Néstor se puede evidenciar en la ausencia de un actor dentro del Peronismo capaz de contener esta tensión histórica. Este conflicto deberá superarse, entendiendo que LA POLÍTICA es el paraguas, no debemos confundirnos, todos estamos debajo del paraguas de lo político, gobiernos, oposición, empresarios, trabajadores, Sociedad Civil, etc. El error estaría en que alguien se crea el dueño del paraguas. Y ya que decimos DUEÑO, vale rescatar otro rasgo distintivo de una porción de nuestra Clase Dirigente que desarrolla cierto desequilibrio cleptómano al administrar la Cosa Pública, tendiendo a cierta apropiación patológica. Hay que volver a ser inflexibles hacia afuera y hacia adentro, sin importar el nosotros o el ellos. Hay que rescatar el valor ético de la honestidad y decencia como forma de vida. Y hay que desterrar a los corruptos de nuestro movimiento, sin especulaciones, por pura convicción. Canta el Universal Alfredo en el tema Adagio a mi País, “Dice mi Padre que un solo traidor puede con mil valientes”.
Esta crisis de dirigentes que puede entenderse a través del prisma de algunos de estos conflictos irresueltos, reafirma la potencia descomunal de un movimiento popular, propiedad absoluta de un pueblo anónimo y de pie, trabajador y humilde. Es gracias a esa potencia colectiva, y no por las cualidades de ningún individuo, que este movimiento sigue vivo después de tanto ataque externo y traiciones internas. Pero lo cierto es que nos sobran voluntades y nos falta quienes las organicen para un verdadero empoderamiento.
Y no basta con tener apellido o billetera, hace falta que surjan dirigentes con valores y conducta propia de un verdadero Proyecto Nacional y Popular. He sido testigo de dirigentes y funcionarios que “bajan” (¿de dónde bajan?) al territorio casi como una experiencia etnográfica, y están tanteando el reloj y el celular cada 30 segundos, y no pueden relajarse, no pueden sonreír, o lo hacen de nervios, porque no ven la hora de volver a Puerto Madero. Si queremos volver de verdad, no podemos dar nunca más lugar a dirigentes ricos con Pueblos pobres Los trabajadores Nodocentes conformamos un colectivo que contiene muchísimas historias particulares de resistencia militante, desde el llano mismo, testificando la existencia real y significativa de los anónimos, los nadies, los miles y miles de militantes de base que dejaron sangre, sudor y lágrimas (muchísimas) en todos los años de lucha y resistencia, de la que el Peronismo está forjado (por los enemigos de afuera y los traidores de adentro), y no sólo en los 70, también en los 80 cuando los compañeros que salían de las cárceles o volvían del exilio pobre, y eran señalados por la sociedad y tantos que se decían compañeros les cerraban las puertas en la cara; o los 90 y la bonaerense asesina y la represión neoliberal, o los 2000 y el final de la alianza, la reconstrucción.
En fin; nadie debería porfiar o subestimar las historias de vida que a cada uno le tocó, ni correr el riesgo de hacer comparaciones, que son muchas veces odiosas y casi siempre falaces. Muchos fuimos criados entre pintadas, actos, unidades básicas, inundaciones, campañas, jornadas cívicas. Somos hijos de ese grito de libertad pasada la noche genocida, y tenemos la irreverencia en la sangre, porque nos soñaron libres y libres somos. 


Pero si la cuestión medular que determina el acceso a los espacios de poder, dentro de una universidad Nacional y popular, se restringe exclusivamente al cerco de Licencias y Doctorados, podemos asegurar que ésta seguirá siendo un reducto de conservación de poder y nunca un instrumento emancipador de nuestra Nación. Deberíamos profundizar un poco más allá del enunciado y preguntar-nos ¿qué es un Cuadro Político? Quizás nos encontremos con que ese sujeto está conformado por una multivariedad de características que dan por resultado un componente de conocimientos y capacidades más holísticas e intercualitativas, ca-racterísticas por cierto de muy difícil digestión para las lógicas que legalizan el conocimiento y la capacidad.
No hay peronómetro, ni quien pueda definir quién es y porqué un cuadro político. Los sujetos estamos conformados por nuestra naturaleza biológica, por la experiencia propia del proceso de culturización, y el entorno como soporte de esa experiencia. La construcción es día a día, acto a acto. Nadie se conforma definitivamente.
 Ha habido personas que se conformaron políticamente y aportaron con el tiempo, y también hubo cuadros teóricos brillantes que cedieron o traicionaron al primer postor. Hay que pensar lo que se dice, decir lo que se piensa, hacer lo que se dice, y no hace falta para ello decir lo que uno hace o lo que fue todo el tiempo. Aunque algunos lo hayan quizás alucinado en su lecho de muerte, a nadie le sube el bronce por los pies, mucho menos en vida, y las capacidades se demuestran, no se relatan. Nosotros estamos acá, como diría el universal Alfredo, creciendo desde el pie, pasito a pasito, a base de coherencia, estudio, acción, honestidad. Buscando siempre el reflejo orientativo de los valores justicialistas, que el General Juan Domingo Perón nos dejó, en sus escritos, en sus gobiernos y en sus actos más sencillos y cotidianos.
Valdría la pena que todo aquel que se dice Peronista conozca más en profundidad la vida y la obra de un Líder excepcional, que nació sin riquezas y murió sin riquezas, que vivió en la humildad, que busco siempre la paz de su pueblo y darle a cada uno lo que le correspondía, desde su más profundo y sincero sentido de justicia. Fue ante todo un hombre sencillo y noble. Su fortaleza era la templanza incorruptible de sus valores. Me pregunto, ¿Qué hubiese pasado si Perón no permitía el ingreso al Congreso Nacional de los representantes de los trabajadores? ¿Qué hubiese pasado si Perón no les hubiese reconocido a los trabajadores organizados su papel fundamental en el proyecto político? ¿Y si Evita no hubiese luchado por el voto femenino? ¿Y si no hubiésemos echado al FMI? Sin estas decisiones revolucionarias el Peronismo hubiese sido una experiencia mínima y olvidable, carente de cualquier potencia transformadora. El Peronismo trascendió porque construyó la conciencia política del pueblo trabajador. Hay tantos ejemplos de esa apertura de participación y reconocimiento a los excluidos, a los históricamente ninguneados. En estos actos de altísimo impacto simbólico, abrevia esa condición irreverente del Peronismo, que no sólo hace justicia, que no sólo reivindica y dignifica, sino que lo hace dejando bien en claro, en cada una de sus acciones, que en el rostro del Pueblo ha muerto para siempre el gesto sumiso y reverente de un pasado semicolonial. Nosotros así nos reconocemos: Peronistas e irreverentes (no hacemos reverencias).

Julián Di Silvestro

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