Panamá (no) papers1

 Cuando pienso en Panamá, pienso en el famoso “Canal de Panamá”. El canal es una vía de nave-gación interoceánica entre el mar Caribe y el océano Pacífico, que atraviesa el país en su punto más estrecho.
Desde su inauguración el 15 de agosto de 1914, su construcción ha conseguido disminuir en tiempo y distancia la comunicación marítima, dinamizando el intercambio comercial y económico al proporcionar una ruta de tránsito corta y relativamente barata entre los dos océanos, lo que influyó decisivamente en los patrones del comercio mundial. Antes de su apertura, los pasos naturales utilizados entre los océanos Atlántico y Pacífico eran el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos, ubicados en el extremo austral de Chile.
En junio de este año se inaugurará la ampliación del Canal de Panamá luego de casi diez años de construcción2. Desde abril de este año, cuando pienso en Panamá, también pienso en los Panamá Papers.
Éste es el nombre que los medios de comunicación han dado a la filtración informativa de documentos confidenciales de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca, que revela el ocultamiento de propiedades de empresas, activos, ganancias y evasión tributaria de jefes de Estado y de gobierno, líderes de la política mundial, personas políticamente expuestas y personalidades de las finanzas, negocios, deportes y arte3.
¿Y esto se relaciona con la migración?
Sí, se relaciona. Por un lado porque para la construcción del Canal, una de las obras de ingeniería mundial más grandes del siglo XX fue necesaria y requerida la mano de obra “barata” de personas migrantes. En segundo, mientras por un lado en ese país son "bienvenidos" los capitales extranjeros que los Panamá Papers evidenciaron como fraude y estafa financiera a escala global, por el otro (¡y al mismo tiempo!) miles de personas son detenidas únicamente por NO TENER PAPELES. El motivo del rechazo es ser personas, porque entre ellos y los activos económicos, la condición de extranjería es compartida.
Las personas migrantes detenidas en Panamá son privadas de su libertad y confinadas a centros de detención por infracciones administrativas de índole migratorias. La gran mayoría de estas infracciones administrativas (resaltamos: no penales) consisten en la imposibilidad de obtener una residencia regular.
Es decir, una infracción sin víctimas que tiene como desproporcionada res-puesta la sistemática detención de personas en condición migratoria irregular con el fin de deportarlos hacia sus países de origen.
Nos encontramos ante una situación de extrema excepcionalidad porque, entre otras cosas, no hay orden judicial que la contemple ni garantías mínimas de cumplimiento del debido proceso. Se detiene de manera arbitraria e ilegal. Los malos tratos, la falta de información y de representación legal, la imposibilidad de comunicación con el mundo exterior y de contemplación de situaciones particulares, o de acceder a algún servicio de salud, pasan a ser cosa diaria.
Las personas migrantes detenidas son las que se encuentran en mayores situaciones de vulnerabilidad, y es así como se detiene también a personas que necesitan de protección internacional como solicitantes de asilo y refugiados.
En la Ciudad de Panamá existen dos centros de detención de migrantes, el Albergue Masculino de Detención y el Albergue Femenino de Detención. Ambos, gestionados por el Servicio Nacional de Migración. El centro de detención para mujeres se encuentra alojado en una comisaría de policía, tiene capacidad para 20 personas y consta de una sola habitación. Una sola habitación que no tiene ventanas. Y las mujeres migrantes allí alojadas no tienen acceso a un espacio abierto ni a actividades de índole recreativa. Pueden estar hasta 18 meses detenidas. 18 meses sin ver el sol.
¿Qué sucede hoy en Panamá y los países ve-cinos respecto a la migración?
Las noticias de los últimos meses no son para nada alentadoras. La coyuntura en la que nos sitúan consiste, en resumidas cuentas, en que desde finales de 2015 cada país ha tratado de descargar el problema en su vecino.
Así, vemos cómo el 15 de noviembre de 2015, Nicaragua no dejó entrar a 8.000 cubanos aduciendo riesgos para su seguridad y soberanía, y luego cerró su frontera con Costa Rica. A mediados de diciembre, Costa Rica se declaró incapaz de recibir a más cubanos, suspendió visados y cerró su frontera con Panamá dejando varado en Paso Canoa a otro millar de cubanos. Costa Rica cerró el paso a estos grupos debido a la negativa de Nicaragua de dejarles pasar por su territorio. En este con-texto, en mayo de este año, Panamá concretó un puente aéreo con México para sacar del país a los cubanos que asumieron los costos del transporte y anunció cambios en el sistema migratorio, cerró la frontera con Colombia y lanzó la "Operación Escudo" para “blindar" el país ante el narcotráfico.
De este modo, se da el aumento de la cantidad de personas cubanas que permanecen varadas en Panamá, después de que Costa Rica y Nicaragua les hayan cerrado el paso.
Desde hace unos años los migrantes cubanos salen de la Isla hacia Ecuador -que suprimió el pedido de visas para ingresar al país desde 2008- para de ahí continuar a Colombia, Centroamérica y México y llegar, por último, a los Estados Unidos, su destino final. Otra gran cantidad de personas llegan a Brasil y siguen por la Amazonia pasando por Guyana o directamente por Colombia.
También migran cubanos desde Venezuela. La emigración cubana hacia Estados Unidos ha sido una constante desde el año 1966, ya que la “Ley de Ajuste Cubano” dispuesta por los EEUU les otorga residencia, permiso de trabajo, ayudas sociales y reunificación familiar. En 1994, ante la multiplicación de las balsas por el estrecho de La Florida, Washington decidió que los migrantes interceptados en el mar serían devueltos a Cuba, y que sólo los que lograran pisar territorio estadounidense recibirían los beneficios. Ante el temor a que las actuales relaciones entre los Estados Unidos y la isla lleven a la restricción o supresión de esa ley, y a partir que Raúl Castro levantó las restricciones a viajar y vender viviendas, la migración cubana se ha intensificado y ha cambiado de ruta. En los dos últimos años llegaron aproximada-mente 30.000 cubanos a los países centroamerianos4.
Algunas personas tratan de llegar a Panamá atravesando la espesa selva del Darién, compartida por Colombia y Panamá. ¿El costo? Entre U$S 2.000 y U$S 10.000, cuando no la vida. Los migrantes gastan varias veces más de lo que les costaría un vuelo desde su país de origen al país de destino, pero como legalmente no obtienen las visas son empujados a rutas migratorias más peligrosas e irregulares por las que tienen que pagar sumas irrisorias a traficantes de personas y en sobornos a autoridades civiles, policiales y militares.
Además, el “sueño americano” atrae a personas que viajan desde Asia (en especial de India, Ne-pal, Bangladesh, China y Pakistán), África (Sene-gal, Ghana, Congo, Somalia), Medio Oriente (Si-ria), Latinoamérica y el Caribe (en particular Centroamérica, Haití y Cuba), entre otros.
Retomando la paradójica situación que hoy nos plantea el caso Panamá Papers, podemos mencionar que muchos países utilizan el “OFFS-HORE” en el tema migratorio. Y, ¿en qué consiste esto?, simple: centros de detención creados en is-las y otros inaccesibles lugares extranjeros en los que los Estados detienen migrantes, para no tener que incumplir con las reglas básicas del Estado de Derecho dentro de los territorios propios. Pongamos por caso a Australia, que probablemente sea el ejemplo más claro, pero no el único.
El Estado australiano envía a las y los migrantes irregulares a centros de detención, lo cuales financia, ubicados en Nauru y Papúa Nueva Guinea. Muchas de las personas que viajan a Australia lo hacen porque huyen de conflictos como los de Afganistán, Darfur, Pakistán, Somalia y Siria. Otras escapan de la discriminación, como las minorías rohinyá de Birmania (Myanmar) y bidún de la región del Golfo Pérsico. Pero Australia se niega a permitir que los refugiados que llegan por mar se radiquen en su territorio.
Así, los países de origen, tránsito o destino se limitan a detener, criminalizar y deportar a los migrantes, sin otorgar mayor protección a las personas que arriesgan su vida y terminan siendo víctimas de todo tipo de peligros y vulneración de sus derechos humanos fundamentales.

Agostina Carla

#MIGRAR ES UN DERECHO HUMANO #NINGÚN SER HUMANO ES ILEGAL
1 - Agradezco los aportes y comentarios de Pablo Ceriani Cernadas y Diego Estevez para esta columna.
2 - En Wikipedia. Recuperado el 16 de junio de 2016 de https://es.wikipedia.org/wiki/Canal_de_Panam%C3%A1
3 - En Wikipedia. Recuperado el 16 de junio de 2016 de https://es.wikipedia.org/wiki/Panama_Papers
4 - Datos extraídos de las columnas periodísticas La frontera colombo-panameña: un drama humanitario y Un silencio culpable por Socorro Ramírez

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