Las microidentidades Las corporaciones

Las elecciones legislativas de octubre y la avanzada del gobierno nacional en materia de reformas (tributaria, laboral, jubilatoria, etc.) nos colocan en un escenario complejo
que amerita dar pasos organizativos trascendentales.
El kirchnerismo, con su armado fundamentalmente anclado en la provincia de Buenos Aires, terminó por confirmar su techo (ese 35-37% de los votos), el mismo desde el 2013. Es un caudal significativo pero no suficiente. En contrapartida, Cambiemos va ganando densidad sobre la base de frentes únicos en todas las provincias. A nivel nacional alcanza el 40% de los votos.

A su vez, esta nueva alianza neoliberal alinea a todos los factores de poder detrás de sí. Los medios de comunicación masivos, las grandes corporaciones multinacionales, sectores del empresariado medio que ven con beneplácito la reforma laboral, todos apuntalan al gobierno actual. Algunosc lo hacen desde el núcleo duro (las multinacionales, la sociedad rural, la corporación mediática y la judicial), otros desde la periferia de ese núcleo (empresariado nacional y sectores medios urbanos).
Con esta disposición de fuerzas, donde el enemigo oligárquico concentra todo el poder de fuego (ocupación del Estado, fuerzas represivas, poder judicial, medios masivos de comunicación) el campo nacional y popular juega a la fractura hasta su más mínima expresión identitaria. Esto se ve en dos planos: el político y el sindical, siendo la fractura más extrema en el primero que en el segundo. Mal o bien, desde el punto de mayor fragmentación del movimiento obrero, cuando había tres CGT, tres CTA y muchos
agrupamientos dispersos, vamos camino a una sola CGT con todos los sectores dentro (el MASA ya empezó su acercamiento) y a una sola CTA (van a normalizar en los próximos meses), al tiempo que las 62 Organizaciones.
Peronistas empiezan a ser miradas con tentación por sectores más combativos de la CGT. No estaría sucediendo lo mismo a nivel político, donde en forma casi constante
aparecen organizaciones nuevas, o mejor dicho, nombres nuevos que pretenden ser organizaciones en algún momento. 

Hay un estallido monumental de las identidades políticas al punto tal de que muchos prefieren construir una microidentidad cómoda, de consenso absoluto, antes de tender
a la conformación del gran movimiento de masas, único frente capaz de poner en práctica un programa de transformación.

No hay movimiento de masas, no hay liderazgo y no hay partido. No hay medios de comunicación afines. No hay agregación de energías. Hay puro solapamiento fruto de construcciones pequeñas. No hay grandes causas que nos convoquen masivamente sino pequeñas causas instaladas mediáticamente para ir corriendo detrás de cuestiones que en un proceso de transformación social serían entendidas como menores. Nos llevan de las narices y en vez de organizarnos para dar mejor la batalla, nos dividimos. Desde sectores de la progresía urbana se llama a romper la CGTo a irse de ella. Eso marca un poco el estado de situación. No entendemos la dinámica de la Central, a la cual para colmo la operan sectores que se supone deberían ser aliados, y proponemos abandonarla, dejándonos sin ningún tipo de herramienta organizada.
Frente a esto, hay tres objetivos: unidad de las organizaciones políticas, unidad del movimiento obrero y creación de órganos de prensa centralizado. Para ello, hay tareas que nos atañen a aquellos que estamos en la base, tareas capaces de propiciar estos objetivos, y hay también una cuestión central a interiorizar: el punto nodal de la organización es el lugar de trabajo, ahí y solo ahí se puede pensar en reconstruir una conciencia de la clase trabajadora. Agotada la instancia eleccionaria, la disputa con el gobierno y sus aliados se da al nivel de los espacios productivos y de cómo los trabajadores de dichos espacios organizan una respuesta a lo que es un ataque directo a sus condiciones de trabajo y de vida.

La historia marca el camino de la densidad sindical. ¿Con qué herramientas contamos? Delegados y comisiones internas; seccionales; regionales; coordinadoras interfabriles; cordones industriales. Nuestra propia historia reciente está signada por un fuerte activismo del movimiento obrero que partió desde el mismo lugar de trabajo e irradió regionalmente. Falta hoy en día la articulación de un sinfín de agrupamientos dispersos. Hay tendencia, por ejemplo, a la normalización de las regionales de la CGT pero todavía falta bastante por recorrer. Por ello, es necesario transitar todos los caminos para el encuentro en la diversidad, generar instancias de articulación más allá de pequeñas diferencias conceptuales. Salir de la micro rosca, evitar los grandes manifiestos, y discutir acciones de cara a un programa popular. Una acción clave, fundamental e impostergable, es comenzar a crear herramientas que nos ayuden en la tarea de comunicar y visibilizar la realidad desde los sectores populares frente a la avanzada del discurso hegemónico. Esto es algo que ya viene sucediendo pero no articuladamente. La demanda de la hora es justamente la de la articulación.

Los medios masivos de comunicación albergan intereses corporativos y se suscitan en complicidad con las grandes multinacionales. Estos medios instalan cotidianamente un discurso de carácter neoliberal, individualista y egoísta, y naturalizan conceptos que terminan arraigándose en el inconsciente colectivo debido a la intensidad y a la constancia con que se difunden.

Ahora bien, en contraposición al aparato mediático, que no busca más que desarticular, debilitar y desconcientizar al pueblo, corremos con desventaja. La ausencia de
una estructura que nos permita centralizar y hacer circular la información proveniente de las bases nos hace retroceder todos los días un poco más.
Frente a esto, surge la necesidad de pensar y recuperar del acervo histórico, mecanismos que nos posibiliten, de manera integral, romper con el discurso dominante. Para eso se debe trabajar desde una lógica de comunicación popular que nos involucre a todos y todas, que interpele en lo consuetudinario de la gente, y que ponga de manifiesto que existe una alternativa que nos aglutina desde nuestro lugar de ciudadanos.
El objetivo es que fluya por canales populares la información, la voluntad y el verdadero sentir colectivo.
Se debe comprender la urgencia por desarrollar una nueva ingeniería de la comunicación popular que ejerza con eficacia la expresión de ideas, abrir nuevos canales que transmitan noticias acordes a nuestras demandas y que tenga como finalidad informar, crear conciencia y radiar nuevos conceptos. ¿Cuál sería el camino? El primer paso es mediante la articulación con las bases, con los organismos e instituciones con los que contamos: universidades, organizaciones sociales y sindicatos.

Es fundamental e imprescindible, en los tiempos que se avecinan, que los trabajadores organizados, en defensa de sus derechos irrevocables, pongan frente al atropello de un discurso que busca dividirlos, una estructura comunicacional que les brinde las herramientas para abrirse hacia una sociedad que cae y recae bajo el velo y el señalamiento del neoliberalismo.
Precisamos, por ejemplo, que la CGT tenga un periódico sindical. Precisamos, también, replicando las lógicas de los cordones y las coordinadoras, establecer cordones de comunicación popular. Necesitamos contar con órganos de prensa centralizados, con una agencia de noticias popular.
Pero nada de esto será posible en el marco de la dispersión. Es crucial transitar el camino de la unidad concreta, práctica, programática y de acción. Es crucial, más que nunca, construir desde la humildad.

Iván Ponte

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