KIOSCO DE FILOSOFÍA: Apuntes sobre Nietzsche, un muchacho punk

1/ Leer a Nietzsche es suicidarse socialmente. Es quedarse solo en el barrio. No deja nada en pie. Arrasa con todo, una ola que come todo: la moral, la verdad, Dios, la filosofía, la ciencia, la familia, la vida, los valores y más. Crea una filosofía anticaretas, una filosofía para pibes renegados, para anarquistas de cotillón, para comunistas de escritorio, para guerreros de bares que pagan la birra 100 mangos (UNA PINTA, como le dicen ahora). Una filosofía para la soledad. Esta Cátedra de la Yoli propone que hay filósofos para casados y filósofos para solteros. Nietzsche es especialista en solteros. Es una filosofía para la vida, te ayuda a pensar, a liberarte. Alguna vez Aristóteles dijo que la filosofía no servía para nada. Pero, porque no es sierva, sino ama y señora. Nietzsche trae un poco eso. Una filosofía de la tierra, alegre y bailarina. Nietzsche está más cerca de la Mona Jiménez, que de las universidades.

 

2/ No hay escritor y/o intelectual que no le haya dedicado un libro o alguna consideración a Federico. Desde Thomas Mann a Ezequiel Martínez Estrada. Vattimo, Onfray, Deleuze, Focault, Safranski, Heidegger y millones más. Todos intentaron hacer de Nietzsche un paquete resumido, lo intentaron divulgar, sistematizar (los trabajos más serios), intentando armar un plan de vuelo, una visita turística a su obra. Hay comentadores muy buenos como Eugene Fink, que arma una biografía desde su obra, como también lo hace Safranski. Pero ya llegamos a que hay más libros que hablan sobre Nietzsche que los libros que él escribió. Hasta hay concursos: “Escriba su propio Nietzsche”. Todos leen la interpretación del filósofo y no al filósofo. Siempre pasa.

Yo tengo un amigo especialista en su obra. Cada vez que cruzábamos temas, bajaba como un rayo con una fulminante frase sobre el bigotón. “¿De dónde sale eso?”: quería aprenderlo todo. Me acuerdo cuando le fui a pedir instrucción para comenzar a desmalezar. “¿Con qué arranco?”; “¿Con quién lo leo?”; “¿Por dónde empiezo?”. Recuerdo y transcribo qué me dijo, y me sacó cagando: ​ “Cualquier libro de N vale por lo que es, no recomiendo ninguno en especial. En cuanto a los comentaristas, son infinitos. Deleuze tiene dos, uno de copy-past y otro de más vuelo interpretativo. No sé, quizá hay que pensar para qué uno querría leer a N, que es un autor que está en el aire, además; o sea, que ya está leído aun por quienes jamás lo leyeron. Hay que leerlo por propia cuenta y riesgo, diría O. Wilde. No sé, me temo que no puedo contestar a tus preguntas”. “Gracias, capo”, digo yo. Esto para refutar, y dejar una idea de filosofía. Hay que leer las obras. Lo demás es vender y chamuyo.

Con una vida de refugiado, de movimiento casi insoportable, Nietzsche escribió una filosofía nómade. Que no echa raíces, y que no intenta fijar nada. Está más cerca de Heráclito. Con una salud débil tuvo que moverse siempre. Luego de conseguir una beca en la universidad donde daba clases, por su magra salud, empezó su periodo de escritura voraz, solo impedido o retrasado por sus enfermedades. Dentro de su fragilidad, se puso a pelear contra todos. Varios de sus médium dicen que la palabra clave en muchos de sus textos es “guerra”. Se trata del guerrero, no del soldado. Él oponía al modelo del sabio, imperturbable, aislado, al pedo, que evita el dolor y la lucha; él quiere guerreros. Así fue emprendiendo sus luchas teóricas: la cultura saca al animal que llevamos dentro. Mediante la crianza se hace de nosotros un animal manso y civilizado, doméstico. “Solo es posible la cultura cuando los instintos del hombre son dominados”. Frases como: “No hay ningún ser detrás. El hacer es todo”,  que luego Nike utilizaría para sus zapatillas. “Hay que crecer siempre, porque conservarse es morir”, la vida como un eterno entrenamiento y ejercitación. ​“No hay verdades absolutas”, todo es un invento papucho. Morís por inventos ajenos. Desde que cayó el meteorito el hombre crea.  “Atrévete a tu propio caos”, el sufrimiento como algo deseado. Superando los conflictos se llega al mérito. Lo que vale la pena, hay que sufrir: “El dolor es la diferencia o distancia de lo que somos a lo que queremos ser”. ¡Oh, yeah!

 

3/ Vacaciones en el Desierto

Siempre lo pensé a Nietzsche en una reposera en medio del desierto o en una prefabricada en medio del monte. Pero ¿cómo vivir en el desierto? ¿Qué se debe hacer? ¿Asesinar dioses? ¿Hacer mierda todo? ¿Mandar todo a la mierda? Primero no te aflijas, pichón. Pero crear es una respuesta. La soledad es un lujo hoy donde se aprende mucho. La soledad como un bien, que nos dejamos profanar. Pero ojo, con ella. Necesitamos ir a pescar con alguien. De qué sirve tener la posta, si no podemos compartirla. Nietzsche queda solo tirando las cuarenta en el desierto. Quedó hablando solo. Ese es el precio de la lucidez. De tenerla clara. Pero además uno se vuelve un plomazo, si

habla siempre uno: escuche al otro, deje jugar. Nietzsche tenía una rutina invencible: caminar, leer y escribir. Ya con eso uno puede tener una buena vida.

 

Keki

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