Ubaldinismo: la CGT de los 80 y su oposición al FMI.

 

El retorno democrático de 1983 se produjo en un contexto de profunda crisis social. Para los sectores populares en su conjunto, la última dictadura cívico-militar había significado un cimbronazo abrumador: los trabajadores fueron el principal objetivo del proyecto dictatorial, no sólo en términos represivos, sino también desde el punto de vista económico. La imposición del modelo neoliberal necesitaba de organizaciones populares débiles y, en ese sentido, la CGT había sido disuelta, las negociaciones colectivas suspendidas –recién volverían en 1987- y la muerte y desaparición habían diezmado comisiones internas, cuerpos de delegados y dirigentes en todo el país.

El retorno democrático de 1983 se produjo en un contexto de profunda crisis social. Para los sectores populares en su conjunto, la última dictadura cívico-militar había significado un cimbronazo abrumador: los trabajadores fueron el principal objetivo del proyecto dictatorial, no sólo en términos represivos, sino también desde el punto de vista económico. La imposición del modelo neoliberal necesitaba de organizaciones populares débiles y, en ese sentido, la CGT había sido disuelta, las negociaciones colectivas suspendidas –recién volverían en 1987- y la muerte y desaparición habían diezmado comisiones internas, cuerpos de delegados y dirigentes en todo el país.

            En este marco, el gobierno de Raúl Alfonsín se encontraba frente a un duro panorama: una sociedad fuertemente agredida en su tejido social y productivo por el genocidio y desgarrada por el ajuste económico. Sin embargo, su diagnóstico de las problemáticas a resolver, iría nuevamente en dirección al disciplinamiento del conjunto obrero. El 17 de diciembre de 1983 mandaría al Congreso la Ley de Reordenamiento Sindical o “Ley Mucci”, que pretendía según el discurso oficial “democratizar” la CGT. En el fondo, esta ley expresaba la concepción del gobierno de Alfonsín de que las organizaciones sindicales eran representaciones autoritarias en las que no había un proceso democrático real. En respuesta a esto, la CGT no aceptará ningún acuerdo de concertación socioeconómico, optando por expresar su oposición al proceso radical mediante la huelga general y el paro con movilización. 

            A la derrota de la “Ley Mucci”, que buscaba fragmentar y desbancar la influencia de los agrupamientos mayoritarios como las 62 Organizaciones Peronistas conducidas por Lorenzo Miguel, al Grupo de los 25 y al Ubaldinismo, seguiría un proceso de reorganización con elecciones gremiales -donde serán ratificadas las conducciones peronistas- y la reunificación de la CGT.

Dentro de la Central, el grupo “Gestión y Trabajo” comandado por Jorge Triaca-colaborador de la dictadura- intentará pactar con Alfonsín un acuerdo que culmina en fracaso, en parte por la oposición de los sectores combativos nucleados en torno a Ubaldini pero también por una tendencia general a enfrentar al gobierno por sobre los conflictos de empresa, hecho que permite el llamado a los paros generales del 3 de agosto y el 3 de septiembre de 1984. Este proceso inicial culmina en 1985 con un gran paro el 23 de mayo de un alto acatamiento. No obstante, la tensión seguiría en ascenso y será el paro del 29 de agosto, con movilización general y acto en la 9 de julio el que reacomodará la interna de la Central. Superando todo tipo de expectativa, cientos de miles de trabajadores ratificarán al líder cervecero, hecho que cristaliza el 19 de septiembre de 1985 con la elección de Saúl como Secretario General de la CGT. Nace así el Ubaldinismo.

La realidad demostraría que mientras crecía el descontento entre los trabajadores por la política económica radical -la ansiada estabilización que ordena el FMI- tomaría cada vez más peso la figura de Saúl Ubaldini al interior de la CGT. El dirigente cervecero expresaba una línea sindical con profundo arraigo en delegados, comisiones internas y cuadros intermedios, pero a su vez, de alianzas intersindicales y de proyección hacia la resolución de las grandes problemáticas nacionales.

La CGT será el faro de la oposición a este plan económico, implementando 14 paros generales hasta 1989 que contaron con masivas movilizaciones, principalmente, porque será la central quien interprete las aspiraciones de oposición política, frente a unas Fuerzas Armadas totalmente desprestigiadas e implicadas en la debacle social y económica, un empresariado con un adhesión suicida a las recetas liberales y un Partido Justicialista sacudido y en reorganización por su primera derrota electoral (1983) a manos del Partido Radical gobernante.

Esta situación, plantea a los trabajadores la posibilidad y responsabilidad de encarar una labor de alcance nacional mediante sus organizaciones, que se verá reflejada en el programa de los 26 puntos, verdadera continuidad de los programas históricos del movimiento obrero, como La Falda, Huerta Grande y el programa del 1° de Mayo de la CGT de los Argentinos. Aunque desvinculado del PJ, Ubaldini buscará en otras corporaciones o movimientos, sostener el estado de movilización, principalmente la Iglesia y las juventudes políticas. Su propuesta más ambiciosa será la de un Congreso de Unidad Nacional, que finalmente no se llevará a cabo. Un hecho novedoso de este masivo agrupamiento sindical, con fuertes objetivos gremiales y políticos, será la intención de una renovación de la lógica interna en el movimiento obrero. Saúl utilizará su historia de lucha durante la dictadura para convocar a las bases por fuera de los aparatos sindicales y a su vez, incrementar su relativo poder en la cúpula (vale recordar el enorme apoyo de Lorenzo Miguel al líder cervecero, hecho que, por otro lado, lo condicionaba a la estrategia de las 62 organizaciones) apelando a las regionales cegetistas del interior. Pero quizás lo más revolucionario de la táctica ubaldinista fue la apelación directa a la base mediante 3 acciones: la concentración directa de activistas, delegados y cuadros intermedios en la CGT, la formulación el 16 de septiembre de 1985 de una propuesta de elección directa del secretario general de la central y la intención de crear núcleos en la base de apoyo a su estrategia político sindical ( agrupación Paz, Pan y Trabajo) medidas que de haber prosperado en su conjunto, hubieran significado un interesante innovación  en las reglas establecidas en el Movimiento Obrero Argentino.

Dejaremos para más adelante, el observar y remarcar ciertas características particulares que hacen al proceso de la CGT en los 80, tales como sus definiciones políticas durante el proceso alfonsinista, sus prerrogativas y acciones sociales y algo fundamental, el rol de este agrupamiento como aglutinante del movimiento obrero en un momento local y mundial de fuertes redefiniciones que abarcan lo identitario, social, económico y estructural del mundo del trabajo.

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