Aportes para pensar el ubaldinismo

Comentábamos en el número anterior el plan de lucha de la CGT contra los planes de ajuste del alfonsinismo y el rol central dentro de ella de Saul Edolver Ubaldini. Pero, ¿qué fue en definitiva el ubaldinismo como tendencia en el Movimiento Obrero en los 80? Intentaremos en este número acercar algunos aportes a este interrogante.

 En principio revisar los años 80 implica comenzar a develar las cuestiones estructurales que llevaron al Movimiento Obrero a enfrentar al alfonsinismo. Buscamos de esta manera problematizar la creencia difundida en un amplio espectro de la política y la clase media; que apunta a que Saul Ubaldini enfrentó denodadamente a Alfonsín, en una especie de “ataque a la gobernabilidad” de los radicales en su “cruzada” por la democracia. En este sentido es importante aclarar que Alfonsín tuvo el poder estatal en su conjunto y el apoyo de un vasto espectro de la sociedad para llevar adelante sus planes económicos, que fueron, en definitiva -tras un auspicioso comienzo- los planes de ajuste del FMI, pero también remarcar que, si bien impulsó la recuperación de la identidad de la ciudadanía y las libertades de la vida civil, su proyecto aspiró a borrar de esta la “identidad sindical” del pueblo, clave para la imposición de su política económica. El Movimiento Obrero asumirá la lucha por incorporar en la naciente democracia, la ciudadanía laboral o trabajadora, ilegalizada en la Dictadura y combatida por Alfonsín, que recién será restituida en el año 1988, tras 12 años de lucha, mediante la sanción de la Ley de Asociaciones Sindicales 23.551. Vemos así que lucha no fue en vano, ni estéril.

 El ubaldinismo emerge, así como la conjunción de diversas aspiraciones sindicales y políticas, pero principalmente dando la disputa por el sentido de la recuperación democrática en la lucha del peronismo contra la socialdemocracia radical. El programa político sindical detrás del enfrentamiento directo con el Gobierno tenía un contenido concreto: derrotar a la patria financiera, fomentar la producción, reactivar el aparato productivo nacional, terminar con los tarifazos, encarar una política de pleno empleo y fomentar el desarrollo de tecnologías propias.

 El proceso de normalización en los sindicatos (1987) demostrará que la legitimación de la dirigencia y la organización sindical puede no estar vinculada con reivindicaciones económicas directas, como la defensa del salario o el pleno empleo (carácter central entre 1955 y 1976), sino con el correcto señalamiento y combate que hace la CGT a la continuidad de un modelo económico, que destruye tanto empresas, como derechos laborales, encarnado ahora en el plan económico de Alfonsín.

Esta situación, plantea a los trabajadores la posibilidad y responsabilidad de encarar una labor de alcance nacional, que se verá reflejada en el programa de los 26 puntos, verdadera continuidad de los programas históricos del movimiento obrero, como La Falda, Huerta Grande y el programa del 1° de Mayo de la CGT de los Argentinos. Con un pie en el PJ y otro en la CGT, Saúl buscará sostener el estado de movilización, con la ayuda de la Pastoral Social, estructura de base como la Organización Paz, Pan y Trabajo, junto a juventudes sindicales y políticas. Su propuesta más ambiciosa será la de un Congreso de Unidad Nacional, que finalmente no se llevará a cabo.

 Pero en 1988 se va llevar a cabo otro denominado “Congreso Nacional de los Pibes de la Calle. Sin trabajo no hay infancia” donde la CGT de Saúl, asumirá la defensa de los pibes expulsados del sistema bajo el lema “detrás de cada pibe de la calle hay un padre desocupado” esclareciendo la razón del empobrecimiento acelerado del pueblo: el plan económico de ajuste que exigía el FMI.

 Ricardo Pérez, titular de DDHH de la CGT y ex Secretario General de Camioneros dirá que los pibes de la calle “también son nuestros hijos” y afirmará que “esta marginalidad social que significa los chicos de la calle, que tienen un tratamiento como delincuentes, significa crear un modelo de país donde un pequeño sector de la sociedad concentrara la riqueza que se produce y dejar al resto de la sociedad argentina absolutamente marginada”.

 Para finalizar, el ubaldinismo parece constituir una síntesis de dos vertientes sindicales inmediatamente anteriores a su experiencia. Por un lado, el sindicalismo corporativo y ortodoxo ordenado verticalmente, con una fuerte disciplina, capacidad de maniobra a la hora de negociar y orientado hacia reivindicaciones económicas inmediatas. Por el otro, la breve, pero intensa experiencia del sindicalismo de liberación de la CGT de los Argentinos, de fuerte prédica política, intensas movilizaciones callejeras y alianzas flexibles. Esto constituye un atractivo y un espacio concreto para la militancia gremial de la época, que nutrirá las masivas movilizaciones de la CGT, pero también a vastos cuadros de la dirigencia sindical que verán en Saúl a un dirigente alineado con el modelo sindical argentino y los grandes problemas nacionales.

Federico Puccinelli

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