Pídeme la luna y te la bajaré

 

- Ya sé, mandemos un banderín y hagamos socios a los tres - Gritó Héctor Rodríguez.

 La idea ya estaba planteada, el Rojo iba a llegar a la Luna. El Rojo, que al principio de la década había logrado salir campeón del Torneo Nacional de 1960 rompiendo una racha de 12 años sin logros. Una década en donde empezaba a gestarse el apodo de “Rey de Copas”, ya que ganó dos Libertadores consecutivas (1964 y 1965), y además sumó dos torneos locales más (1963 y 1967). Avellaneda, Buenos Aires, Argentina, América, el mundo, la Tierra ya le quedaban chicos.

 Aquella década, también, se caracterizó por la tensión, la carrera armamentística y espacial entre dos bloques, dos potencias, los EEUU y la URSS. Siempre interviniendo en conflictos ajenos, en guerras de prestado, apagando revoluciones y luchas independentistas, o al menos intentándolo. Ninguno quería perder una ficha en el tablero mundial. El mundo, la Tierra ya no les alcanzaba.

 La URSS ya había puesto en órbita a Laika (1957) y Yuri Gagarin (1961), EEUU no quería quedarse y decidió ir a la Luna. Aquel satélite, el más cercano de todo lo lejano que es el Universo. La Luna, que inspira a tantos artistas y enamorados. El faro de las almas nocturnas se convirtió en el sueño de Héctor.

 Secretario de Cultura (1969 – 1972) y de Prensa y Relaciones Públicas (1976 – 1979) del Club Atlético Independiente, Rodríguez forjó su relación con la embajada de EEUU (sí, a pesar de los orígenes y el color, se vinculó con la potencia capitalista) gracias a la exposición espacial que se llevo a cabo en el club en 1967 para mostrar los avances en la carrera del bloque norteamericano. Para el evento, la embajada envió maquetas, replicas de naves espaciales, trajes, fotos y demás objetos para exponer.

 - Estos hombres van a ser héroes, van a entrar en la historia de la humanidad. ¡Tienen que ser socios de Independiente! – Exclamaría Rodríguez dos años después.

 El viaje del Apollo XI ya estaba organizándose y desde la cabeza del secretario rojo la idea de ir a la Luna estaba cada vez más firme. Primero, le pidieron al embajador las fotos de los tres astronautas: Edwin Aldring, Neil Amstrong y Michael Collin. Con las caras de los tripulantes realizaron tres carnets de socios con los números 80.399, 80.400 y 80.401. Listo, ya eran socios.

 Lo segundo fue buscar un banderín especial para llevar a la Luna. Cuando el paquete estuvo hecho se lo enviaron a la NASA. Transcurrían los primeros meses del año 1969, en los últimos años Estudiantes de la Plata y Racing obtuvieron la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental (vacante en esos tiempos en las vitrinas rojas). Chacarita se preparaba para lograr su primer título y Platense estuvo a punto de acariciar la gloria. Independiente estaba a punto de entrar a su década más exitosa, la de los 70. Mientras tanto esperaba la respuesta de los viajeros espaciales.

 El 23 de mayo de 1969, llegó a la sede de la Avenida Mitre, en Avellaneda, una carta desde los EEUU, más precisamente de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA: National Aeronautics and Space Administration).La misma decía:

 “Querido Sr. Rodríguez:

 En nombre de los miembros de la tripulación del Apollo XI, quiero agradecerle a usted por su muy linda carta y la amabilidad de enviarnos los tres banderines. Espero volver pronto a visitar Buenos Aires por un tiempo y dependiendo de las circunstancias poder aceptar su invitación para visitar su club.

Sinceramente,

Neil Amstrong, Comandante del Apollo XI”

 Los banderines y carnets ya estaban en las manos de los astronautas, la carta lo demostraba. Solo restaba esperar que el 20 de Julio los lleven con ellos y que puedan alunizar.

 La historia (al menos la oficial) cuenta que el vigésimo día del séptimo mes del año 1969, Neil Amstrong bajó de la capsula espacial y dijo “Un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad”. Los humanos llegaron a la Luna, pero la duda era si Independiente también lo había hecho. La respuesta llegaría 5 meses después.

 La comitiva del Apollo XI, tras su regreso del espacio, empezó a hacer giras por todo el mundo para contar su experiencia. En noviembre del 69, llego el turno de la Argentina, la sede elegida fue la embajada de los EEUU y uno de los invitados fue Héctor Rodríguez. Allí el secretario pudo confirmar que Neil Amstrong llevó el banderín rojo como amuleto.

 La Luna es Roja, aunque ahora estén tratando de explicar y buscarle mil vueltas sobre la veracidad de la llegada del hombre a la luna. Pese a quien le pese, si el Rojo jugara en la Luna, lo haría de local.

Sergio Negro Altieri

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